Bienestar organizacionalLinkedIn2 min de lectura

Sisifemia: cuando el esfuerzo sin fin se vuelve la norma

Portada de marca con el rótulo «Riesgos psicosociales» y el titular «Sisifemia: trabajar hasta el agotamiento»

El trabajador sigue empujando hasta que enferma.

Leí este titular y pensé: ¿Cuántas personas van a leerlo agotadas?

Agotadas de terminar la jornada y sentir que en realidad nunca termina…

Porque el trabajo no siempre se queda en la oficina. A veces sigue en la cabeza, o en el móvil. En la culpa cuando descansas. En “solo un momento”.

Y en la sensación constante de que nunca llegas del todo.

Desde fuera esa persona suele parecer comprometida, responsable, implicada, productiva…

Hasta que un día deja de poder con todo

La “sisifemia”, de la que habla el artículo pone nombre a algo que llevamos demasiado tiempo normalizando:

Trabajar como si el esfuerzo infinito fuera una virtud.

Las personas se rompen cuando sostienen durante demasiado tiempo una carga (física, mental, emocional).

Por eso los riesgos psicosociales no van solo de estrés

  • 📍 Van de cultura, de liderazgo, de comunicación, de transparencia.
  • 📍 De disponibilidad permanente, de objetivos realmente imposibles.
  • 📍 De sentir que desconectar te convierte en peor profesional.

Y ahí muchas empresas siguen confundiendo bienestar con parches. Porque el problema no es que la gente no aguante.

Es todo lo que estamos llamando “normal”

La pregunta no puede ser: “¿Cómo hacemos que las personas aguanten más?”

Sino: ¿Qué estamos construyendo para que vivir agotados se haya convertido en lo habitual?

➡️ Si quieres realizar un estudio psicosocial (no solo evaluación, no solo check, no solo “quitamultas”) para identificar qué está agotando y dañando a tu equipo, hablemos.

Publicado originalmente en LinkedIn el 11 de mayo de 2026.

Preguntas frecuentes

Sisifemia nombra una manera de trabajar: esfuerzo continuo, sin un punto en el que algo quede cerrado. Burnout nombra el estado al que llega quien lleva mucho tiempo trabajando así, con agotamiento, distancia respecto al propio trabajo y la sensación de que lo que hace no sirve. Ninguna de las dos es una etiqueta que la empresa tenga que poner a nadie; lo que sí le toca mirar son las condiciones que llevan hasta ahí.

Contesta a cualquier hora y en cuestión de minutos. No coge las vacaciones enteras, o las coge y sigue mirando el correo. No delega ni cuando puede, porque explicarlo le lleva más tiempo que hacerlo. Y ha dejado de quejarse: en el equipo eso se lee como que ya está bien, y a menudo es que ha dejado de esperar que cambie algo.

Hablar de carga y de prioridades. La conversación se tuerce en cuanto se convierte en una charla sobre su forma de organizarse, porque quien está así ya carga con la culpa de no llegar. Lo que cambia algo es quitarle trabajo de encima y decir en voz alta qué deja de hacerse y quién asume el retraso. Si eso no se dice, lo seguirá haciendo por su cuenta.

Belén hace esto con empresas: estrategia de bienestar con objetivos y medición.

Y lo entrena con los equipos: taller de límites y carga sostenible.

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